Bachillerato de Excelencia

Hace solo unos meses terminé el Bachillerato de Excelencia, un programa educativo que según la Comunidad de Madrid "pretende dar respuesta a aquellos alumnos de Bachillerato que tengan o muestren especial motivación y capacidad para profundizar en el conocimiento científico, humanístico, artístico y tecnológico, así como en los métodos que le son propios". Me hace mucha ilusión poder hablaros hoy de mi experiencia, que ha sido de las más enriquecedoras que he vivido en mis 18 años. 

El Bachillerato de Excelencia puede cursarse tanto en Aulas de Excelencia (disponibles en muchos institutos de la Comunidad de Madrid) como en un Centro de Excelencia. El único centro dedicado expresamente a este programa es el IES San Mateo, donde yo tuve la oportunidad de completarlo, por lo que hablaré de su sistema, no del de las Aulas de Excelencia, pues tampoco tengo claro si su funcionamiento es el mismo. Este programa fue creado por Esperanza Aguirre en 2011, durante su presidencia de la Comunidad de Madrid, para "ofrecer a los alumnos más sobresalientes de Secundaria una enseñanza que, como ellos, aspire a la máxima excelencia". Si quisiera resumir el objetivo del Instituto San Mateo lo haría con las palabras que repiten su Director, Horacio Silvestre, y su Jefa de Estudios, Ana Concha González: "es un instituto en el que los alumnos quieren aprender y los profesores quieren enseñar". María Gaspar, exprofesora de Matemáticas, subraya en una entrevista con La Razón (muy recomendada si queréis saber más) que "aquí te pueden doler los pies al cabo del día, pero no el alma". 


Dicho así, parece el programa ideal para formar a una juventud perfectamente preparada e instruida para la universidad y la vida adulta. Sin embargo, este objetivo no tiene por qué cumplirse siempre, o al menos no de la forma exacta en que se plantea. Para asegurar este sistema, solo pueden acceder a este programa aquellos alumnos que hayan sacado una nota igual o superior a 8 en cuarto de la ESO en las materias de Lengua Castellana y Literatura, Matemáticas, primera lengua extranjera, y Geografía e Historia. Además, existe una nota de corte para entrar, que suele rondar el 9 de media en todas las asignaturas cursadas en Secundaria, de forma que llenen las plazas los alumnos más selectos de la Comunidad. ¿Realmente un buen expediente académico asegura que el aspirante sea la persona curiosa, ambiciosa y disciplinada que el instituto busca? Por supuesto que esto no siempre es así. Al San Mateo llegan dos tipos de alumnos: los que han sido muy estudiosos en Secundaria y han conseguido notas muy altas, y estudiantes con altas capacidades que, sin necesitar demasiado empeño, han logrado entrar a un programa que va a pedirles lo que nunca han necesitado durante su vida académica: esfuerzo. Los primeros se enfrentan a una transición desafiante que afecta notablemente a sus resultados; para los segundos, este impacto es incluso más fuerte, pues tienen que enfrentarse por primera vez a la realidad académica. Reciben su primer examen de Matemáticas: un 3. Después de haber pasado toda la ESO sin bajar del 8, esto supone un choque tan intenso que hace abandonar a muchos. En parte, es por esto por lo que en mi clase de primero de Bachillerato acabamos el curso quedando solo 16 alumnos. 

A la alta cantidad de temario (que es mayor a la impartida en otros institutos) y a la dificultad de los exámenes de algunas materias se añade un factor importante: la exigencia por parte de algunos maestros. Es perfectamente entendible que en un instituto con estas características se exija esfuerzo y disciplina, y que los alumnos acudan a los exámenes como mínimo habiendo estudiado el temario. Otra cosa muy diferente es la presión desmesurada. He llegado a escuchar quejas ante exámenes con una nota de 8.75, por no hablar de los comentarios a los alumnos que no superaban el 7. Está claro que se pide un perfil de alumno determinado, pero hay límites que se salen del sentido común. 

Sin embargo, no todo lo que hable en este artículo sobre mi experiencia van a ser quejas, ni muchísimo menos. Hoy puedo afirmar que hacer Bachillerato de Excelencia ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, tanto para mi educación y mi formación intelectual, como para mi desarrollo personal. A pesar de la ansiedad, los nervios previos a cada examen y la decepción al recibir una mala nota después de horas y horas de estudio, puedo decir con seguridad que merece la pena (de forma literal). 

Empezando por la parte académica, reafirmaré lo que todos los exalumnos que visitan las clases dicen y que, cuando estás sentado en ese pupitre, ves totalmente irreal: "en ninguna parte aprendes tantas cosas como en el San Mateo". Todos piden (y ahora puedo decir que pedimos) que lo valoren cuando todavía siguen recibiendo esas clases, pero nadie es consciente de ello plenamente hasta que sale de allí. Durante los primeros meses es cierto que notas la mayor cantidad de temario en relación a la que estudian tus amigos de otros institutos, o incluso la forma en la que los profesores incluyen en sus clases lecciones de cultura general, en ocasiones bastante alejadas del temario. En una hora de clase de Lengua podías aprender, además de literatura, de cine, filosofía, historia, música, arte... A pesar de todo ello, como alumno sigues viendo totalmente ilógico que en la Universidad adquieras menos conocimientos que en un instituto. Después de 3 meses de experiencia universitaria puedo afirmar que, efectivamente, en una mañana dentro del San Mateo aprendes más que en dos semanas de Universidad. Esto no es, desde luego, una crítica a la Facultad de Educación; tan solo una alabanza a mi instituto.

Uno de los métodos que se emplean para conseguir este aprendizaje es la primacía que se otorga a la lectura. En primero de Bachillerato podíamos leer hasta nueve libros en un trimestre contando con las lecturas obligatorias de varias asignaturas: lengua, inglés, filosofía, latín, literatura universal... Considero que impulsar la lectura en los colegios e institutos es una de las claves para promover un mejor aprendizaje. Es mucho más probable que recuerdes las características de la literatura medieval si te lees tres libros escritos en esta época, por no hablar de la importancia que debería tener esta práctica en la asignatura de inglés. Según mi experiencia, en Bachillerato llega un punto en el que la mayoría de los alumnos han alcanzado un nivel de comprensión y habla de la primera lengua extranjera perfectamente apto, por lo que seguir explicando gramática se convierte en una tarea absurda. En este momento se deberían aplicar otros métodos para la enseñanza de la lengua, de los cuales uno de los mejores es la lectura y el debate acerca de estos libros leídos. Es cierto que la discusión acerca de si las lecturas obligatorias realmente fomentan esta práctica es muy frecuente entre profesores y estudiantes. Considero que a partir de esta metodología no se va a conseguir que todos los alumnos de la promoción lean de forma frecuente, pero está claro que el porcentaje subirá. Además, hay ciertos libros que muy escasos jóvenes de 16 años se pondrían a leer si no les obligasen, pero que pueden resultarles realmente interesantes si les dan esa oportunidad. Por supuesto que un claro ejemplo es La Celestina, muy frecuente entre las clases de Lengua Castellana de Primero de Bachillerato, pero se me ocurren muchos más, como Edipo Rey, la Eneida, el Cantar de Mío Cid, Tartufo o Romeo y Julieta, todos ellos obligatorios para los estudiantes de Humanidades del San Mateo. 


El segundo método aplicado en este instituto que me gustaría destacar es la amplia oferta de seminarios. Estos seminarios tienen lugar en horario extraescolar gracias al propio claustro de profesores, que se ofrecen a dar estas clases de forma voluntaria una vez a la semana. Acerca de este punto quiero recalcar una cosa: soy consciente de que no es una medida aplicable en todos los institutos, pues en otros centros nadie se apuntaría a un taller de Química los martes por la tarde y la propuesta sería un claro fracaso. Sin embargo, en el Programa de Excelencia tiene mucho valor entre los alumnos, y no te resulta raro pasar por una clase fuera del horario lectivo y ver a alumnos debatiendo acerca de la República de Platón con su profesor de Filosofía. En las "Tardes del San Mateo" podemos encontrar talleres de química, de física, de biología, de lengua, un seminario de filosofía, dos clubes de matemáticas diferentes, un club de lectura, preparación para certámenes de latín y griego, clases extra de inglés y alemán, de diseño asistido por ordenador, y los más demandados, debate y teatro. Mi favorito siempre será el de Historia del Arte, que seguía una dinámica algo diferente al resto. Prácticamente todas las semanas se organizaba una excursión a un museo, siendo los más frecuentes el Museo Arqueológico y el Museo del Prado. Allí, la profesora de Historia e Historia del Arte nos hacía una guía adaptada a los contenidos que estábamos viendo en sus clases, de forma que podíamos ver desde las piedras pulidas del Neolítico a los cuadros de artistas como Goya, Rembrandt o El Greco. 

También cabe destacar la importancia que se da a los idiomas. Aparte de inglés, es obligatorio cursar una segunda lengua extranjera cuatro horas semanales, a elegir entre francés y alemán. Se divide a los alumnos por nivel, de manera que se puedan adaptar las clases a las necesidades de cada grupo. Los contenidos y exámenes son los mismos para los tres niveles, pero cambian algunas de las lecturas, trabajos, y sobre todo la exigencia. Además, una vez a la semana la clase es impartida por un auxiliar de conversación incluso en la segunda lengua, por mucho que algunos estudiantes hayan empezado a aprender alemán o francés hace apenas un mes. 

Por último hablaré de la metodología más importante del Programa de Excelencia: el Proyecto de Investigación. Para recibir el título, todos los alumnos deben presentar un proyecto final antes de las Navidades de Segundo de Bachillerato, el cual será calificado por dos profesores anónimos que pondrán la nota por separado, sin saber siquiera quién es el otro evaluador. Para elaborar el proyecto los estudiantes dispondrán de la ayuda de un profesor que podrán elegir entre los miembros del claustro teniendo en cuenta la especialidad de cada uno. El tema también será seleccionado por el propio alumno sin ningún tipo de limitación. He visto trabajos con notas altísimas acerca de temas aparentemente controversiales (los beneficios de la marihuana para combatir ciertas enfermedades o cómo ganar más dinero en un casino) o banales (superhéroes, como una comparativa entre Batman y el concepto nietzscheano del Superhombre, o el reggaeton y su influencia social). Gracias a este proyecto tienes la oportunidad de ampliar tus conocimientos acerca de un campo que realmente te interese con acceso a los archivos de la Biblioteca Nacional y a la realización de entrevistas. Por otro lado, el alumno puede experimentar el proceso que se sigue en los trabajos típicos de la universidad, y aprende a elegir las fuentes de información correctas y a manejar la normativa APA, imprescindible al salir de bachillerato. 

Aparte de estas medidas, los métodos de enseñanza no difieren demasiado de los de otros institutos. Las clases son expositivas prácticamente en su totalidad y los exámenes piden lo que se pediría en otros centros, en ocasiones con una mayor complejidad en los ejercicios. Lo que cambia es lo que se pide al alumno. Los profesores no quieren formarte para sacar un 13 en la EVAU, olvidar esos conocimientos y seguir con tu vida. Te piden que te intereses, que quieras conocer más, y eso solo se puede conseguir sabiendo. Solo vas a querer saber más del Desastre del 98 si te enseñan bien el Desastre del 98. Solo vas a querer leer tragedias griegas si te obligan a leerte una tragedia griega. Solo vas a querer ir a un museo un sábado por la tarde si has aprendido de Historia del Arte. Y la clave aquí es la palabra "querer". El San Mateo no solo da a sus alumnos conocimientos, da deseo de conocimiento. Y ese deseo es la clave del verdadero aprendizaje y del saber al que muchos exalumnos aspiramos gracias a esa instrucción previa. 



No soy la única que a partir del programa de excelencia ha obtenido todos estos beneficios de los que hablo. Es por ello que he preguntado a algunos de mis excompañeros acerca de su experiencia. Alicia Martínez, alumna de Humanidades, nos cuenta que "entró con miedo, pero ha sido una de las mejores experiencias de su vida". Destaca el "ecosistema" que se crea tanto con alumnos como con profesores, pues en el instituto hay un ambiente de respeto, de interés mutuo y de apertura al resto de personas con ganas de aprender de ellos que no ha visto en otros lugares. Además, se nota la vocación de los profesores, que "tenían fe en nosotros". Muchos de ellos eran profesionales de su campo que trabajaban en horario de tardes como catedráticos en universidades, y nosotros teníamos la suerte de que nos dieran clase cada día desde los 16 años. "En estos dos años he aprendido a tener juicio, confianza en mí y muchísima autocrítica. En la universidad encuentras a personas que haciendo el mínimo se esperan el máximo, y esto es impensable en el San Mateo, pues debes dar todo lo que puedes para recibir resultados acordes". Celia Ocampo ha notado especialmente los beneficios del Bachillerato de Excelencia al llegar a la universidad, a la hora de estructurar los trabajos e investigar. Además valora el modelo de "semana de exámenes" del San Mateo, pues esta se hacía igual que se hace en selectividad y en la universidad: solo acudíamos al instituto para hacer dos o tres exámenes cada día durante la semana, y después nos olvidábamos hasta los parciales. Estos exámenes eran globales siempre: en el tercer trimestre de primero entraban los contenidos de todo el curso, como si fuera la prueba de EVAU pero un año antes. Esto ha permitido que sepa organizarse el temario de estudio y le ayuda a no agobiarse con los exámenes de enero, al igual que pasó en junio con la EVAU. Ramón Castilla, exalumno de ciencias, nos cuenta que entrar en el San Mateo es "como dar el salto a la universidad en primero de Bachillerato, para empezar por la cantidad de temario, además de por los contenidos (que realmente son cosas que se dan en la carrera) y porque los profesores te dejan organizarte totalmente por libre". Clara Fernández, también de Humanidades, dice que lo que más le gusta del San Mateo es la disciplina y cómo te llevan a alcanzarla. "Cuando hablamos de disciplina se nos viene a la cabeza el típico modelo estereotipado de persona que se tira todo el día en su casa, que no hace nada más... el San Mateo te invita a trabajar duro llevando la vida de un adolescente normal. La disciplina deja de ser esa realidad utópica que nos imaginamos para ser algo cercano a nosotros y propio de nuestro día a día". 

Para despedir esta entrada tan especial para mí podéis leer el poema que se lee el primer día de clase a todos los alumnos nuevos que "viajarán a Ítaca" durante los siguientes dos años, para conseguir alcanzarla gracias a su esfuerzo y dedicación al terminar la temida EVAU, perfectamente preparados para su vida universitaria. 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios. 
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

                                                            - Konstantino Kavafis

Comentarios

  1. Julia, me ha parecido realmente interesante leer tu entrada acerca del bachillerato de excelencia. En realidad no conocía su existencia, así que gracias, en parte, por explicar de forma tan coloquial, tu experiencia en este sistema educativo. Creo que no hubiese sido capaz de aguantarlo, pero tal como lo cuentas haces que entren ciertas ganas de pasar una semana, al menos de observadora en el aula para así conocer como es en primera persona. Es super curioso ver como puede cambiar la perspectiva de ese año tan decisivo para todos según el centro en el que estés. Me ha encantado como explicas las cosas y lo cercano que resulta.

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  2. me ha resultado una de las entradas más interesante de leer, ya que lo conocí un día que lo mencionaste en clase y me quedé con ganas de saber más acerca de este tipo de bachillerato. Gracias por compartir tu experiencia y contarnos tanto sobre él, y por lo que nos cuentas, enhorabuena!, parece difícil... pero seguro que viviste dos años increíbles de los cuales aprendiste muchísimas cosas. me ha encantado!!

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