Viaje a la isla de los sentidos: una actividad para el aula TEA

 Hoy vamos a explorar una técnica didáctica, el aprendizaje vivencial, aplicándola a un aula TEA de primaria. El aprendizaje vivencial es un modelo de aprendizaje que implica la vivencia de una experiencia en la que el alumno puede sentir o hacer cosas que fortalecen sus aprendizajes. En este caso trabajaremos con niños de entre 6 y 8 años, y haremos actividades en las que desarrollarán sus habilidades sensoriales mediante el juego. De esta manera mejoraremos la interacción con el entorno y el mundo cognitivo, pues la riqueza de estímulos sensoriales beneficia el desarrollo del pensamiento, la inteligencia y el lenguaje.

La actividad consiste en un “viaje” imaginario donde los niños serán transportados a la isla de los sentidos. Allí encontrarán distintas estaciones por las que pasarán por turnos en grupos de unos 4 participantes, de forma que irán rotando durante el tiempo que dure la actividad. El aprendizaje por estaciones resulta muy adecuado para niños con TEA, ya que permite establecer una estructura muy ordenada, cuadriculada y previsible, lo que reduce su ansiedad ante lo desconocido y les permite anticipar el siguiente paso a seguir. Al ser las actividades más cortas y enfocadas, mantienen la motivación y la concentración más fácilmente, y no se ven abrumados gracias a la descomposición de la tarea en partes más pequeñas. Además, esto les permite trabajar en grupos más pequeños, lo que fomenta la participación y la colaboración, al hacer que se sientan más cómodos y seguros que en una clase grande.

Antes de comenzar el viaje, se explicará el proceso que se va a seguir y se prepararán unas “mochilas” imaginarias para su aventura. Esto les ayuda a prepararse mentalmente, crear anticipación y enfocarlos en la actividad.



Cada una de las estaciones estará enfocada en un sentido concreto: vista, gusto, olfato, oído y tacto. Por cada sentido habrá una experiencia que los niños podrán vivir, explorar y comentar.

  • Vista: se armará una caja con distintos objetos de variadas formas y colores. Por ejemplo, espejos, pelotas luminosas de colores, gafas coloreadas… El objetivo será experimentar e identificar colores y formas.
  • Tacto: la caja contendrá materiales y objetos de distintas texturas, y se buscará que los niños expresen cómo les hacen sentir. Algunos objetos pueden ser plastilina, slime, espuma de afeitar, superficies lisas o rugosas, agua…
  • Oído: se emitirán distintos sonidos como canciones, sonidos de animales, agua, viento… También se pueden utilizar elementos como los cascabeles. Se deberá identificar cuál es el sonido que escuchan.
  • Olfato: los niños tendrán que oler frascos con aromas familiares, como limón, chocolate, fresa, pan… y se comentará qué les hace sentir y a qué les recuerda, por ejemplo, un momento o un lugar. También se puede practicar la aromaterapia con el uso de aceites y masajes. La asociación reiterada de un olor a una sensación de relajación permite enseñar al niño a calmarse.
  • Gusto: los niños probarán alimentos (chocolate, galletas, fruta) y dirán a qué les recuerda, cuál les gusta más...

Cuando hayan pasado todos por las estaciones, se realizará una asamblea para compartir las sensaciones que han vivido durante la actividad. El maestro tendrá que ir haciendo preguntas sobre sus estaciones favoritas o los recuerdos que han revivido con algunos estímulos. Por último, elaborarán un dibujo de cómo se imaginan la isla, para así fortalecer el recuerdo de los aprendizajes que han tenido.



Esta actividad aporta muchos beneficios para los niños del aula TEA. Permite que desarrollen sus sentidos en un entorno seguro y controlado, de manera que pueden asimilar los estímulos de una forma más positiva. Al vivir la experiencia directamente (tocar, oler, ver, escuchar y probar), los niños refuerzan sus aprendizajes a través de la práctica, en lugar de simplemente recibir información teórica, que puede resultar demasiado abstracto. Esto es especialmente beneficioso para los niños con autismo, que a menudo responden mejor al aprendizaje vivencial. Además, mejorarán sus habilidades sociales y comunicativas gracias a las charlas que se generan tanto en las estaciones como en la asamblea final, ya sea con sus compañeros o con sus profesores. Como ya hemos dicho, la creación de un recorrido predecible reduce su ansiedad, y pueden sentirse más tranquilos a la hora de vivir la experiencia. Por último, permite el desarrollo de la imaginación y de la creatividad gracias al juego simbólico que nos presenta este viaje imaginario.

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