Conectivismo
Desde los inicios del estudio acerca del aprendizaje ha habido tres teorías líderes que buscaban explicar cómo nuestra mente adquiere el conocimiento: el conductismo, el cognitivismo y el constructivismo. Sin embargo, al ser las teorías “hijas de los tiempos en los que viven”, la llegada de la era digital introdujo un cambio importante. Es así como nació el conectivismo.
Me parece más sencillo
comparar todas las teorías a partir de la base de la que se idean. El
conductismo, que fue la primera en surgir, estudia el aprendizaje únicamente a
través de la conducta observable; son los cambios en nuestra manera de actuar
los que indican si ha tenido lugar ese aprendizaje o no. Esta teoría está en
relación con experimentos como el perro de Pavlov y la caja de Skinner. En la
década de 1940 ocurrió un cambio significativo en la tecnología, lo que
conllevó además un giro en la sociedad y en la manera de entender el mundo: la
invención del ordenador. Es así como nace el cognitivismo, que se centra en la
cognición, en la forma en que aprendemos, comparando nuestro cerebro con un
ordenador que recibe información, la procesa y la almacena (modelo computacional del pensamiento). Por último tenemos
el constructivismo, que parte del individuo como creador (constructor) de su
propio aprendizaje a través de la experiencia o de lo que comparte con otros
seres humanos en sociedad (constructivismo social).
Es ya en nuestros tiempos,
en plena revolución digital, cuando George Siemens idea el conectivismo, algo
que cambia totalmente el paradigma en que se desarrollaron las teorías ya
explicadas. Todas las anteriores partían de la idea del sujeto, de que el aprendizaje
es algo individual que ocurre en cada uno de nosotros por separado. El
conectivismo, como bien indica su nombre, anexiona la idea de la “conexión” en
que vivimos todos de forma inevitable. El aprendizaje es visto como una red en
la que distintos nodos se van conectando, ampliando nuestro conocimiento
individual y social. Estos nodos pueden ser libros, fuentes de conocimiento,
otras personas, experiencias, o incluso los pensamientos que estas vivencias
han generado en cada uno de nosotros. El aprendizaje se convierte en algo
social, común, desarrollado entre muchas personas. Desde mi punto de vista esto
convierte la teoría en algo más grande, abarca más ideas que las anteriores, lo
que la hace más realista. El ser humano, de manera natural, es un ser social,
por lo que su aprendizaje debe ser visto como tal.
Si el constructivismo decía que los seres humanos recibimos y asimilamos el conocimiento de manera autónoma a través del entorno y de las personas que nos rodean, entiendo que el conectivismo es una ampliación de este. El conectivismo deja patente esta red de aprendizajes compartidos, y considera a todo el conjunto el conocimiento. Opino que nuestro pensamiento se va creando a partir de las ideas del resto (nuestra identidad y voz propia nacen necesariamente de la alteridad), ya sean compartidas verbalmente o que simplemente hayamos observado. El conectivismo une todo esto en una red más amplia que lo explica todo de una manera común. Dice Karen Stephenson “la experiencia ha sido considerada la mejor maestra del conocimiento. Dado que no podemos experimentar todo, las experiencias de otras personas, y por consiguiente otras personas, se convierten en sustitutos del conocimiento”. Esta sentencia resume todo lo que quiero explicar. No solo el comportamiento asimilado por un sujeto muestra su aprendizaje, como diría el conductismo, sino también el que este observa en terceras personas.
Además esta teoría presenta
un tipo de aprendizaje dinámico, continuo. Todo el tiempo estamos recibiendo
información que nos permite adquirir conocimiento nuevo: hablamos con otras
personas, las observamos, leemos, escuchamos, conectamos pensamientos y conceptos
en nuestro cerebro… El aprendizaje no puede ser estático, pues “tener la mente
en blanco” es un estado al que es prácticamente imposible llegar, y aun más en
la era en la que vivimos, rodeados de estímulos por todas partes. Hay tantas
conexiones teniendo lugar en nuestra cabeza al mismo tiempo que el proceso
permanece latente las 24 horas del día en cada uno de nosotros.
Como maestros podríamos
interpretar toda esta red de la que estamos hablando como un aula. Dentro de
este aula se comparten experiencias, conversaciones, lecciones… y todo ello
configura el aprendizaje de cada niño. Es como si se integrase el concepto del
currículum oculto en lo aprendido, en la red de conocimiento. Este currículum
oculto está formado por aquellas observaciones que se extraen de un proceso
educativo no intencionado: la forma de vestir o de hablar del resto, lo que
observas distraído por la ventana durante la lección, lo que te cuenta que ha
hecho tu compañera de pupitre este fin de semana… todo ello se une a la red. Si
pensamos en esto más detenidamente podemos darnos cuenta de que esta red que
estamos creando es más inmensa de lo que podríamos haber deducido, y por tanto,
el aprendizaje de los alumnos durante el curso es prácticamente inabarcable.
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